Si no nos morimos ayer, no nos mata nadie. La remontada de ayer fue terrible. Un partido en el que yo, confieso, y creo no ser el único, porque hasta Messi reconoció que sintió lo mismo, les dije a mis hijos "se acabó el mundial" en el 0-2. Y se los anularon y nos dieron otra vida. Y volvieron a meter el 2 a 0. Y ahí si que dije, después del penal errado y de esto, no hay chance de que nos levantemos. Y mi preocupación mayor fue, viviendo en el exterior, cómo mierda voy a la oficina mañana y explicao que el campeón del mundo quedó afuera con Egipto.
Pero lo imposible ocurrió. Y por eso digo siempre que el deporte les enseña a los chicos más que cualquier colegio. Los tipos no se dieron por vencidos y siguieron dale que dale. Y el milagro ocurrió. 3 a 2 y a cuartos, sin ir al alargue.
Con un flojo De Paul y varios errores de pases inexplicables. Con los delanteros medio mufados que no la consiguen embocar (ni Julián ni Lautaro) pero haciendo el trabajo sucio adelante para que los demás lo logren. Con ochocientos cambios que a mí, a est3a altura, ya me dejaron tan mareado que no se quién prefiero que juegue.
Messi incansable. No como en los viejos mundiales en los que desaparecía. Quizás la presencia de sus hijos le cambió la cabeza porque sabe que lo miran y entienden. Y quizás eso lo empuja, a sus 39 increíbles años, a seguir pidiendo la pelota. A querer patear cada tiro libre, a hacer lo que haya que hacer para que la pelotita entre.
El partido lo vi con mis tres hijos. No ocurre a menudo y les dije que de este partido, se van a acordar toda la vida como ese Banfield-San Lorenzo 3 a 3 que les conté mil veces, en el abrazo con mi viejo. Y espero que hayan todavía más momentos como ese en este mundial.
Se viene Suiza en cuartos de final. El momento clave. Y hay que ver qué hace Scaloni con la ensalada de jugadores que tiene sobre la mesa. Hoy por hoy, son Messi, Dibu y el Cuti y 8 más para mí. Que haga lo que tenga que hacer. Vamos todavía.
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